Hoy vamos a hacer mención al título de este blog, aprovechando la pequeña odisea que sufrí el jueves tarde pateando la city Ourensana bajo una intensa lluvia, habitual por estas latitudes en esta época del año.
Como base, apuntar que odio los paragüas, les tengo una tirria insoportable. Siempre, o casi siempre, he preferido mojarme un poco la sesera que andar con la mini-sombrilla esa en la mano. Incluso cuando era pequeño (de edad XXDD), recuerdo haber “olvidado” numerosos paragüas en distintos lugares, todo con tal de no cargar con ellos. En el colegio “perdí” unos cuantos, por ejemplo.
Como complemento añadir que también odio la lluvia, por lo general incluso me deprime o me pone de mala ostia. Se que es necesaria y, contraproducentemente, me gusta mirar por la ventana cómo cae.
Umbrella.jpgEn fin, el caso es que el otro día me tocó sufrir los paragüazos indiscriminados de la peña. Es una de las cosas que más me jode cuando llueve y saco el parapluie para no mojarme. Pero no se qué es peor. No se por qué gaitas yo procuro tener cuidado y apartarlo al cruzarme con alguien por la acera, porque al resto del mundo parece importarle tres cojones. Ellos van con su paragüas mismamente como si fuesen sin él, incluso ya a veces parece que alguno va adrede a ver si te ostia y te desgracia la cara. Y no se te ocurra decirles nada. Bueno, acabé harto de recibir paragüazos a pesar de apartar-levantar-girar el mío para evitarlos, se me hinchó cierta pareja simétrica corporal (los orificios de la nariz, malpensados) y lo cerré….
Ayyyyy….Craso error….Pasé de poner en peligro la integridad de mi umbrella, a poner la mía física en Defcon 1….. Resultado: En menos de 100 metros una señora quiso hacerme la raya al medio (mira qué bien, una de las pocas ventajas de no tener pelo en la sesera) y otra intentó curarme la hipermetropía ocular mediante un método radical pero 100% efectivo, eso sí. Obviamente, ya no cuento todas las que conseguí esquivar, si llega a haber nieve en Juan XXIII y me ponen unos esquíes, le rompo los records todos al hispano-teutón ese que parece ser que tomaba sustancias espirituosas. El colmo ya fue llegando a casa, a pocos metros de mi portal y cuando me creía a salvo, un niño asesino intentó dejarme sin descendencia; éstos casi son los más peligrosos, sobre todo cuando llevan el parato cerrado, amarrado en plan metralleta y apuntando a todo lo que se le pone por delante. Bendita inocencia infantil……
A todo ésto, ni que decir tiene que llegué completamente empapado a mi home, de cintura para abajo mientras llevé el paragüas abierto (el chaparrón era de órdago) y de cintura para arriba cuando lo cerré.
Tendré que informarme si existen seguros personales con claúsulas anti-paragüazos.
A los que sois ourensanos no os tendré que explicar por qué no cogí el Opel Buga un día de lluvia para hacer 3 recados en sendos lugares céntricos de la ciudad.