España es en realidad, un lugar maravilloso para vivir. O eso al menos dice todo el mundo, normalmente yo incluído. Cierto es que aquí se vive como en ningún sitio, pero más por nuestra cultura y/o costumbres sociales que por el país en sí. Porque el país, a veces, me da un asco insoportable.
SadYo paso de política… Es una frase casi hecha, digamos. Pero no se si en el fondo será mentira. Porque todos, en el fondo, en cierto momento vemos invadida nuestra rutina diaria por ese mundillo, cada vez más oscuro y sucio, casi equiparable al del hampa o la mafia. Yo, diría más, no es que pase de todos ellos, es que todos ellos me dan asco. Todos ellos, en cuanto llegan al poder, o incluso antes, realizan actos lamentables, roban, abusan, engañan… Por tanto no debo decir que paso, porque si pasase me dejarían indiferente, sin más.
Viene todo este lloriqueo al caso, porque hoy en las noticias he visto algo que me parece escandaloso, a pesar de que se pueda pensar que "ya se lo que hay".
El domingo pasado se jugó la final de un torneo internacional de fútbol de chavales (categoría benjamín), celebrado en Portugal. La disputaron dos equipos españoles, le pese a quien le pese. La organización del torneo decidió dado el caso, que cuando saltasen ambos equipos al terreno de juego junto con el trío arbitral, sonase el himno de España para ambos equipos (si hubiesen sido eqiupos de países distintos, habrian sonado ambos himnos sucesivamente).
Supongo que muchos se lo imaginan ya… Resulta que sólo saltó un equipo. El otro se negó. Esperó alevosamente a que terminara el himno nacional y salió al césped cuando sonaba el himno de Portugal, que supongo sonó o bien por la nacionalidad del árbitro, o bien porque el torneo se celebraba en dicho país.
El entrenador del equipo que no saltó al campo afirmó que eran órdenes tajantes del club (de las altas esferas de dicho club, se supone). Obviamente los chavales, de unos ocho años, ni tienen culpa alguna, ni difícilmente podrían entender todo el embolado. A saber qué razón les dieron, si es que lo hicieron, para convertirlos en cómplices de tal imbecilidad. Culpables habrá, uno, varios, o más, cuyas retorcidas y asquerosas entendederas serán las únicas capaces de asumir con total normalidad este tipo de actuaciones enmascaradas bajo el escudo de un club, en un evento deportivo. Como si el deporte actualmente no tuviese ya suficiente con lo que hay.
Está claro que no por lucir una bandera u honrar a un himno se pueda medir ni valorar el sentimiento hacia tu país. El respeto se demuestra de otras maneras y con otras formas. Y yo tendré que respetar que alguien no quiera pertenecer a su país de origen. Pero lo que ya no tengo tan claro es que además se demuestre un desprecio tal como ese: Prefiero escuchar el himno portugués que el español (y como si fuera el de las quimbambas, lo que sea antes que el español). Todo ello a buen seguro bajo la sonrisilla despiadada de muchos y muchas.

No me quiero rallar más. Lo dicho, qué mierda de país. Si al final conseguirán convencerme estos elementos y es mejor pertenecer a otro lugar.